lunes, 3 de septiembre de 2012

Fingir. En eso consiste mi vida. Fingir que estoy bien cuando en realidad solo quiero llorar hasta dormirme, fingir que soy feliz cuando por dentro, estoy hecha una mierda, fingir que soy fuerte cuando realmente, me derrumbo ante la mínima brisa de dolor. Fingir por y para la gente que me rodea. Hacerse la víctima es una de esas cosas que nunca entenderé. Hay veces que la mejor opción no es buscar un hombro sobre el que llorar, sino una almohada. Y refugiarse en la intimidad de tu cuarto es mejor que desahogarte con el compañero que te tiende la mano. A veces, la soledad deja de buscarte para que tú la encuentres a ella

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