domingo, 27 de marzo de 2011

TÚ!

La playa totalmente vacía, cubierta de un inmenso manto de nubes que le dan al mar un color oscuro, más frío de lo normal. Es de esperar que de un momento a otro comience a llover, pero a ella no le importa. Estaba convencida de que quería sentir el agua bajo sus pies y el sonido del mar en sus oídos. Antes de bajar a la playa se espera en la entrada, con un vestido rojo y blanco a rayas, su pelo negro y rizado enloquecido alrededor de su cara, moviendose por la fuerza del viento, cierra los ojos y respira hondo. Siente ese dulce olor a sal del que está perdidamente enamorada, y se siente satisfecha, se siente como se quería sentir, con la satisfacción de cumplir un deseo, el que lleva esperando cumplir desde invierno. Decide poner su toalla bajo una sombrilla de ésas que están clavadas en la arena todo el año, se sienta y comienza a escribir estas líneas. Otea el horizonte, la fusión entre mar y cielo, se da cuenta, está sola. Ni siquiera un tímido rayo de sol se digna a ofrecerle un rato de compañía. Entoces, comienza a llover, pequeñas gotas cubren la arena de puntos salados, y comienza a apretar, a caer lágrimas del cielo con rabia. Ahora es cuando vuelve la cabeza con la esperanza de que apareacas en la entrada, sonriendo, con las zapatillas en la mano, te acerques y te sientes bajo la sombrilla con ella, sin hablar, solamente contemplando la tormenta que se avecina, solamente contemplando la línea en la que se funden el mar y el cielo, para darse cuenta de que no está sola. Pero malas noticias, no apareciste. Salió de la sombrilla y se mojó, se empapó hasta los huesos y sintió la lluvia acarciarle la cara y una vez más miró para ver si aparecías, y una vez más no lo hiciste.

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